Bienvenidos al blog Conectando semillas,

Este blog es una iniciativa del Equipo Esperi, formado por un grupo de profesionales (psiquiatras, psicólogos, educadores y trabajadores sociales) dedicados al cuidado de todos aquellos niños y jóvenes que presentan algún tipo de problema relacionado con la salud mental.

Nace con la ilusión de crear un espacio virtual en el que tanto los jóvenes y sus familias como los profesionales podamos compartir nuestros puntos de vista.

Por nuestra parte queremos poner a vuestra disposición material seleccionado que consideremos útil a la hora de prevenir, evaluar, abordar y/o afrontar los diferentes problemas de salud mental en la infancia y juventud.

Pero vosotros sois los auténticos protagonistas. Por eso os animamos a que compartáis aquí vuestras inquietudes, opiniones, experiencias, consejos, esperanzas, vuestros logros, vuestras metas,… para que desde aquí llegue a todos los jóvenes y familias que están pasando por circunstancias parecidas y que necesitan saber que no están solos y para que la sociedad en su conjunto se haga eco.

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martes, 27 de noviembre de 2012

¿CÓMO INCULCAR LA RESPONSABILIDAD DESDE PEQUEÑOS II?


En los primeros años de la vida del niño la responsabilidad tiene que ir asociada al juego y, paulatinamente, se irá incorporando a otras actividades menos placenteras, hasta dar paso a la obligación. Este aprendizaje se produce por imitación y requiere exigencias, expectativas claras y tiempo de dedicación.
Todos los niños y niñas necesitan un equilibrio entre juego y trabajo; el cuidado de uno mismo y las tareas del hogar pueden servir para que se ejercite en unas responsabilidades concretas.
Debéis estar convencidos de que vais a conseguir educar a vuestros hijos/as en los aspectos que os proponéis y de que confiáis en sus posibilidades.


¿Qué hacer antes de encomendar a los hijos una tarea?
  • Tener muy claras las responsabilidades de cada miembro de la familia e incluso escribirlas en un mural.
  • Cada uno debe saber qué tiene que hacer, cómo y cuándo debe hacerlo para que se responsabilice.
  • Las personas adultas han de estar de acuerdo en qué responsabilidades se les van a exigir. La incoherencia, es decir, la discrepancia entre lo que exigen o permiten unos u otros miembros de la familia, favorece el incumplimiento de las tareas así como su justificación para no hacerlas.
  • No exigir a los hijos lo que no nos exigimos a nosotros mismos.
  • Antes de exigir o proponer una tarea comprobar si cuenta con un espacio adecuado, tiempo disponible y si sabe hacerlo mínimamente.
  • La paciencia y tolerancia son imprescindibles no siempre podrán realizar una tarea perfecta, pueden equivocarse y eso les ayudará en su proceso de aprendizaje.
¿Qué hacer en el momento de encomendar una tarea?
  • Mostrarle confianza, hacerle sentirse capaz de realizarla bien y darle seguridad: "Hoy te vas a vestir solo y sé que lo vas a hacer bien."
  • Explicar con claridad y con pocas palabras qué deseamos que haga y comprobar que lo ha entendido bien.
  • Evitar mensajes como: "Lo voy a hacer yo porque lo haces todo mal." Porque eliminamos la motivación que pudiera tener, anulamos sus esfuerzos por mejorar y se resiente su autoestima.
¿Qué hacer una vez empezada la tarea?
  • Nunca hagas tú lo que tu hijo/a es capaz de hacer por sí solo/a. Te equivocas si piensas que le ayudas facilitándole la tarea para evitarle un mal rato.
  • Observa las posibilidades y grado de evolución de tu hijo/a y vete adecuando el grado de exigencia y el tipo de responsabilidad a su crecimiento.
  • Conviene permanecer atentos al desarrollo de la tarea y proporcionarle pequeñas ayudas en el momento preciso.
  • Las tareas largas y complejas es preciso dividirlas en pequeños pasos y permitirle hacer una parte, la que pueda realizar por sí solo/a. Por ejemplo, para enseñarle a vestirse se le enseña primero a quitarse la ropa; más tarde puede subirse los pantalones, ponerse los calcetines, etc. y finalmente llegará a vestirse solo.
  • En ocasiones conviene proponer que elija entre dos opciones: juegos (parchís o naipes), ropa (falda o pantalón), ocio (fútbol o paseo) para que aprenda a tomar decisiones. Cuando se elige, hay un compromiso y un riesgo: el compromiso de experimentar lo que elige y el riesgo de equivocarse. De este modo, el niño/a aprende a tolerar la frustración y a asumir las consecuencias de lo que realiza.
  • No permitas que abandone la tarea elegida porque así favoreces su inconstancia y puede adoptar conductas caprichosas e impulsivas.
  • Cuando le mandes una tarea o des una orden, comprueba que ha entendido lo que se espera de él y no repitas la orden. Si siempre la repites, se acostumbra y no presta atención. Es conveniente fijar de antemano que las órdenes no se van a repetir y que, si no está atento, deberá asumir las consecuencias.
¿Qué hacer una vez acabada la tarea?
  • Controla en qué grado y modo ha cumplido la tarea.
  • En caso de incumplimiento por olvido, deberá asumir las consecuencias.
  • Valora lo que ha hecho, exprésaselo con muestras de afecto y muestra tu satisfacción por su colaboración en el buen funcionamiento de la familia.
  • Si la tarea no se ha finalizado o no está bien hecha, ante todo y en primer lugar, valora su actitud, destaca los aspectos positivos e indícale en qué puede mejorar.
  • Dale muestras de confianza, permítele que pueda rectificar y anímale a que lo intente de nuevo.
¿Por qué se niega a realizar una tarea y qué hacer al respecto?
  • Por no haber sufrido habitualmente las consecuencias negativas de una conducta irresponsable (por ejemplo, pasar hambre cuando no ha llevado el bocadillo, llegar tarde al colegio por perder el autobús, etc). Para aprender de los errores u olvidos, es conveniente que no se impida que el hijo/a padezca las consecuencias naturales de sus decisiones.
  • Porque las amenazas o castigos habitualmente no se llevan a cabo. Antes de expresar una amenaza o castigo conviene pensar si se puede llevar a cabo y si es adecuada o proporcionada.
  • Porque el niño/a se manifiesta incompetente diciendo: "no sé" o "no puedo". Los padres considerarán si es real esa incapacidad y le animarán a que realice la tarea, ayudándole si es necesario.
  • Porque da excusas para no hacer algo. Conviene desmontar la excusa dando razones con actitud serena.
  • Porque se está rebelando diciendo "no quiero". Puede tratarse de un proceso de desarrollo personal en el que el oposicionismo es un medio para forjar la personalidad. Si se dan ocasiones y oportunidades para dialogar, es probable que no se llegue a esos extremos. En cualquier caso, conviene actuar con serenidad para no crear tensión en el momento, y coherencia para mostrarle claramente las consecuencias de su acción y no ahorrárselas. En esto deben mantenerse firmes padre y madre.
FUENTE: Desarrollo de conductas responsables de 3 a 12 años. Gobierno de Navarra.

jueves, 22 de noviembre de 2012

EL MÓVIL ENTRE LOS ADOLESCENTES. CUANDO DE SU USO SE HACE UN PROBLEMA



El uso del teléfono móvil está provocando nuevos estilos de relación entre los jóvenes. Al mismo ritmo que aumenta el consumo de estos dispositivos, aumentan los problemas en el uso intensivo y  dependencia a los mismos. Actualmente el uso más habitual entre los adolescentes es el de la mensajería instantánea (como WhatsApp) y el acceso a las Redes Sociales mediante los móviles. Si a esto le añadimos que pueden hacer fotos y vídeos y compartirlos en el mismo momento mediante la Red, los nuevos teléfonos móviles se convierten en una herramienta completísima, pero con sus riesgos también.
Está aceptado entre los adolescentes el móvil como un símbolo de estatus, aspecto que provoca sentimientos negativos y problemas de autoestima en los que no tienen móvil y en los que no reciben tantos sms, WhatsApps o llamadas como sus compañeros.
Las investigaciones muestran que empiezan a usar el móvil entre los 8 y los 12 años. El 97’7% de los adolescentes españoles entre 12 y 17 años tiene un teléfono móvil (estudio de la Universidad Camilo José Cela). Las familias (42’1%) son las principales impulsoras en la compra del móvil, y eso tiene que ver con el sentimiento de seguridad. Otros datos para reflexionar son los que refleja el Informe del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid: el 9% de los jóvenes reciben imágenes pornográficas, el 19% reconoce que ha  enviado mensajes amenazantes, el 18% se ha sentido acosado, el 68%  recibe mensajes no solicitados y chatea con gente que no conoce por el móvil.
¿Puede llegar a ser el uso del móvil adictivo entre los jóvenes?
El uso del teléfono móvil puede llegar a generar modificaciones en el estado del ánimo, ansiedad, irritabilidad si no es posible realizar la conducta deseada, sentimiento de inseguridad, miedo a salir sin él, efectos en el sueño debido a su uso descontrolado hasta altas horas de la noche.
Estos datos sugieren que el abuso del móvil, podría ser considerado una conducta adictiva ya que modifica la conducta, interfiere en la vida cotidiana (social, escolar, familiar y personal del joven) y si no se puede realizar la conducta  deseada se experimentan consecuencias negativas.
Signos de alarma para la detección de  una posible adicción al móvil entre los adolescentes:
·         Uso excesivo del móvil
·         Necesidad de estar a la última en los terminales
·         Mentiras dentro de la familia sobre el uso del móvil
·         Disminución del rendimiento escolar
·         Uso del móvil en todo momento, sin importar si está en clase, comida, haciendo deporte,…
·         Disminución de la comunicación con el resto de la familia
·         Gasto excesivo de la factura del móvil a causa de la descarga de juegos, videos,…
·         Intranquilidad o irritabilidad cuando no se puede hablar por el móvil
·        Sacrificio de alguna actividad social, escolar o recreativa para poder jugar o hablar por el móvil
·         Se continúa jugando a pesar de las prohibiciones parentales o escolares

Perfil del adolescente adicto al móvil. Hablaríamos de adolescentes con baja autoestima, que necesitan más la aprobación de los demás y apoyarse en los demás. Por otro lado podemos encontrar a un perfil diferente, el joven muy extrovertido, con grandes círculos de amigos y redes sociales, elevada necesidad social y buscador de sensaciones nuevas. Impulsivo, con falta de capacidad para reflexionar sobre las consecuencias negativas de las acciones, con tendencia a buscar nuevas sensaciones mediante actividades excitantes.
A continuación presentaremos pautas para evitar el mal uso del móvil entre los adolescentes.
Fuentes: Guía para padres con hijos en Educación Secundaria sobre el uso saludable de las nuevas tecnologías (Obra Social Caja Madrid),  XII Congreso Virtual de Psiquiatria.com “El teléfono móvil: cuando el uso se convierte en un problema. Pautas de detección e intervención”. La telefonía móvil en la infancia y adolescencia (Oficina del defensor del Menor de la Comunidad de Madrid).

PAUTAS PARA EVITAR EL MAL USO DEL MOVIL ENTRE LOS ADOLESCENTES



Pautas para padres
  • Los padres deben educar a sus hijos en el uso responsable del móvil, no sólo en lo que al gasto se refiere, sino también en la utilización de los accesorios como cámaras, grabadoras, descargas de Internet u otros. Naturalmente lo primero será dar un buen ejemplo. Mal puede cambiar la conducta del joven que ve a sus padres usando el móvil durante la comida o mientras conduce.
  • Observa el uso que tu hijo hace del móvil. La mejor herramienta de los padres es la observación del comportamiento de sus hijos.
  • Enséñale a utilizarlo sólo cuando sea necesario y no haya otra forma de comunicación.
  • Pídele que sus conversaciones sean cortas.
  • Pon un límite de gasto mensual y de tiempo en el uso.
  • Hazle responsable del gasto que genera su móvil.
  • No permitas superar estos límites de tiempo o dinero establecido.
  • Exígele que apague el teléfono cuando no lo necesite o no pueda utilizarlo: mientras estudia, está en el colegio, come en familia o duerme, es mejor tenerlo apagado.
  • Proporcionar el móvil a los jóvenes a una edad en la que tengan criterio correcto para su uso.
Mensajes claves para los adolescentes
  • Utiliza tu móvil sólo cuando sea necesario. Tendrás que pactar con tu familia las situaciones de uso.
  • Utilízalo de forma que no te aísle de las personas que te rodean.
  • El teléfono móvil debe estar apagado en lugares donde no esté permitido su uso. Apágalo en cines, teatros, museos, reuniones, en clase, en el médico o en cualquier lugar donde se solicite que esté desconectado (hospital, avión, etc.). También en casa mientras estás con tu familia, estudias o duermes.
  • Da prioridad a las personas con las que estás hablando físicamente frente a la persona que te llama al móvil. No ocurre nada por no contestar una llamada en un momento determinado, ya que se puede responder con otra llamada más tarde. Si es estrictamente necesario contestar al instante, pide disculpas a la persona con la que estés.
  • Controla lo que gastas cada mes y conoce las tarifas de tu teléfono. Recuerda no sobrepasar el límite acordado.
  • Utiliza otros medios de comunicación que se adapten más a otras circunstancias, el fijo para llamar a otro fijo, el correo electrónico u otros canales de comunicación.
  • Pide permiso antes de fotografiar o grabar a alguien.

Fuentes: Guía para padres con hijos en Educación Secundaria sobre el uso saludable de las nuevas tecnologías (Obra Social Caja Madrid),  XII Congreso Virtual de Psiquiatria.com “El teléfono móvil: cuando el uso se convierte en un problema. Pautas de detección e intervención”. La telefonía móvil en la infancia y adolescencia (Oficina del defensor del Menor de la Comunidad de Madrid).

lunes, 5 de noviembre de 2012

CONSEJOS PARA PADRES II

¿QUÉ OCURRE SI SE INCUMPLEN LAS NORMAS?



-          El no respetar las normas debe de tener consecuencias.
-          Las consecuencias de no respetar las normas han de ser:
o Conocidas previamente: consensuadas entre los padres y explicadas posteriormente a los hijos.
o   Coherentes: la intensidad de la consecuencia debe de estar en función de la importancia de la norma “no se puede expulsar a un jugador del campo por haber hecho una falta leve”.
o   Consistentes: las normas han de cumplirse siempre y no en función del “humor” que tengas hoy o de “quien esté delante”.  Asegúrate de que las consecuencias de no cumplir una norma también se cumplen siempre, si no tu hijo aprenderá que “no hay que tomarte en serio”.
o   Inmediatas: la percepción del tiempo es distinta cuando eres pequeño. De nada vale que le adviertas a tu hijo que si no recoge hoy (lunes) su cuarto no le llevarás al McDonalds el fin de semana. Si quieres que el lunes recoja su cuarto tendrás que advertirle que la consecuencia de no hacerlo es que se quedará sin ir al parque esa misma tarde.
-     El hecho de que haya recibido un castigo por algún motivo no implica que no se le pueda reforzar positivamente si hace algo bien. Ej.- tu hijo no ha hecho los deberes como está acordado (eso es una norma en casa y su incumplimiento tiene unas consecuencias, ej.- irse a la cama directamente sin ver la televisión), pero a la hora de la cena, tu hijo colabora en poner la mesa (puede que estéis tan enfadados porque no ha hecho los deberes que ni si quiera os deis cuenta de que está colaborando, pero si queréis favorecer que vuestro hijo aprenda a respetar las normas deberéis reforzarle cuando haga algo bien, ej.- gracias por ayudar a poner la mesa hijo; por supuesto, esto no significa que le vayáis a “levantar el castigo” de no ver la televisión ya que se puso por no hacer los deberes).
-    No olvides que el castigo pierde fuerza si lo utilizamos constantemente. Si estáis en este círculo vicioso y no sabéis como salir de él quizá os ayude:
§  Reflexionar sobre las normas: puede que estéis siendo demasiado exigentes con vuestro hijo de modo que sea relativamente “fácil” que “falle en algo”. Exigid solo que se cumplan aquellas normas que son realmente importantes y procurad ser más flexibles en el resto.
§  Es posible que el comportamiento de vuestro hijo en algunos aspectos os enfurezca tanto que os cueste daros cuenta de aquellas cosas que si está haciendo bien. La única forma de salir del círculo vicioso es que vuestro hijo reciba de vez en cuando algún refuerzo positivo por vuestra parte. Observad su conducta y señalarle aquello que os parece bien de ella.

viernes, 2 de noviembre de 2012

¿CÓMO INCULCAR LA RESPONSABILIDAD DESDE PEQUEÑOS?


¿HASTA DÓNDE PUEDO EXIGIRLE A MI HIJO?

Educar es ayudar a la persona a alcanzar la capacidad de ser independiente, de valerse por sí misma, de tomar decisiones, de hacer uso de la libertad desde el conocimiento de sus posibilidades, y esto no se improvisa: es un proceso largo y costoso, que se inicia en la familia y tiene su continuidad en la escuela y otros ambientes sociales.
La responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien propio junto al de los demás.
Los niños deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace responsable.
La responsabilidad se va adquiriendo, por imitación del adulto y por la aprobación social, que le sirve de refuerzo.
El niño siente satisfacción cuando actúa responsablemente y recibe aprobación social, que a su vez favorece su autoestima.


Educar en la responsabilidad no es tarea fácil. Se consigue solo mediante el esfuerzo diario de padres y educadores, pero la recompensa es grande: educar adultos responsables.
No es fácil saber qué se puede exigir a un niño o hasta dónde es capaz de actuar de un modo responsable y adecuado a su edad pero, teniendo en cuenta las distintas etapas de su desarrollo, podemos señalar los siguientes niveles de capacidad:

2-3 AÑOS
Puede hacer algunas tareas bajo el control del adulto. Todavía no comprende lo que hace bien o mal y obra de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no posee autocontrol.
Colabora con el adulto en ordenar y guardar sus zapatillas, su pijama, regar las flores y hacer algunas tareas concretas como poner y recoger las servilletas, etc.
3-4 AÑOS
Observa la conducta del adulto y la imita. Actúa en función del premio o el castigo. Ya va siendo capaz de controlarse y de tener orden en sus cosas.
Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc. Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartir las cosas y a esperar su turno. Muestra interés creciente por jugar con otros niños.
 4-5 AÑOS
Sigue observando e imitando al adulto. Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y por eso suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc.
Ya puede dársele alguna responsabilidad: poner la mesa, ocuparse de algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos pequeños durante algún rato, estando un adulto cerca. Debe dejar ordenados los objetos que usa. Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal se calza, se lava y va al baño solo.
Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse con dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.
5-6 AÑOS
Ya ha aprendido bastantes conductas y, aunque necesita que la persona adulta le diga lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle dos opciones, para que elija. Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta. No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos. Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin cruzar la calle o pasar por lugares peligrosos.
Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales. A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta de acuerdo con ellas.
6-7 AÑOS
Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad. Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, la casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc. Puede disponer de algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga. Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto: identifica el bien con lo mandado y el mal con la prohibido o lo que enfada al adulto.
Cumple las órdenes al pie de la letra, generalmente hasta los ocho años. Puede controlar sus gastos con más facilidad. Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.
Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.
8 AÑOS
Comienza a adquirir autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar el desayuno, bañarse, acudir solo al colegio, etc.
Empieza a distinguir la voluntad del adulto de la norma y es consecuente en su conducta.
Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva, dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia. Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo.
Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.
9-11 AÑOS
Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad. Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros... Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta corrección. Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.
Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales. Se hace estricto, exigente y riguroso.
Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.
Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.
11-12 AÑOS
La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres. Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.
Necesita tener amigos y depositar en ellos su confianza; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc. Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad, trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar. Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por propia iniciativa, aunque se equivoque.

La responsabilidad se adquiere y desarrolla progresivamente, por etapas.
El desarrollo de la capacidad de actuar de forma responsable depende de cada persona y del contexto o ambiente que la rodea (familia, escuela, barrio, etc). Por todo ello, existen ritmos distintos en cada persona. Así pues, será difícil encontrar niños y niñas que, con los mismos años, manifiesten el mismo grado de responsabilidad: cada niño o niña desarrolla más unos aspectos y otros menos. Por lo tanto, estas fases que hemos descrito no deben entenderse de forma estricta o cerrada sino como una referencia.

FUENTE: Desarrollo de conductas responsables de tres a doce años. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura.


lunes, 15 de octubre de 2012

CONSEJOS PARA PADRES

¿CÓMO PONER LAS NORMAS?



  Las normas han de basarse en la búsqueda del BIEN COMÚN de padres e hijos.
- No pueden incluir ninguna forma de VIOLENCIA física ni psicológica.
- Deben de estar en función de la CAPACIDAD del niño o niña para asumir responsabilidades.
- Las normas deben ser: POCAS, SENCILLAS Y SOBRE TEMAS IMPORTANTES. Escribirlas o dibujarlas puede ser un apoyo.
- Una vez fijadas, intentad NO CAMBIARLAS. Si no queda más remedio, explicadle a vuestro hijo el motivo del cambio.
- Han de estar CONSENSUADAS entre ambos padres. Si os desacreditáis delante de vuestros hijos, ellos sabrán cómo utilizarlo y todos saldréis perdiendo.
- En la medida de lo posible, de acuerdo a la edad y madurez de vuestro hijo y del tipo de norma de que se trate, las normas deben de estar consensuadas con él. No obstante, los padres deben de tener la última palabra.
- Los padres debéis dar a CONOCER a vuestro hijo las normas PREVIAMENTE, explicando el sentido de las mismas y cuáles son las consecuencias en caso de que no se cumplan.
- Ambos padres debéis de tener claro y estar de acuerdo en aquello que es NEGOCIABLE y puede servir para estimular a vuestro hijo para que alcance algún objetivo deseable (ej.- “si apruebas todas las asignaturas te dejaremos salir hasta más tarde”) y aquello que NO ES NEGOCIABLE (ej.- no se puede insultar ni faltar el respeto a nadie).

miércoles, 10 de octubre de 2012

DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL



La Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) ha realizado este vídeo para recordar a la sociedad que no debemos quedarnos con “la primera etiqueta. Todos somos muchos más que una etiqueta. Las personas con enfermedad mental también” y combatir así los prejuicios y el estigma que todavía hoy se mantienen frente a las personas con problemas de salud mental.

lunes, 8 de octubre de 2012

Fases madurativas de la adolescencia


ADOLESCENCIA TEMPRANA
(10-14 años)
ADOLESCENCIA MEDIA
(15-17 años)
ADOLESCENCIA TARDÍA
(18-21 años)
INDEPENDENCIA
Menor interés en actividades de los padres
Grandes cambios de humor
Mayor conflicto con los padres
Reaceptación de valores y consejos de los padres
IMAGEN CORPORAL
Preocupación por cambios puberales
Incertidumbre sobre su apariencia
Aceptación del cuerpo
Interés en aumentar su atractivo
Aceptación de los cambios puberales
GRUPO DE AMIGOS
Relaciones intensas con amigos del mismo sexo
Mayor importancia del grupo
Conformidad con los valores del grupo
Aumento de actividad sexual y experimentación
Menor importancia del grupo
Dedican más tiempo a relaciones íntimas
IDENTIDAD
Aumento de la capacidad cognitiva
Aumento del mundo fantástico
Objetivos vocacionales idealistas
Aumento de la necesidad de privacidad
Falta de control de impulsos
Aumento de la profundidad de los sentimientos
Aumento de la capacidad intelectual
Sentimiento de omnipotencia
Comportamientos de riesgo
Objetivos vocacionales prácticos y realistas
Refinamiento de valores morales, religiosos y sexuales
Capacidad de comprometerse y de marcar límites

Fuente: Neinstein LS

El duelo de la adolescencia


La adolescencia es una de las etapas más importantes y complicadas de nuestra vida. La cantidad de cambios biológicos, emocionales y sociales que acontecen en un periodo relativamente corto ponen a prueba la capacidad del individuo, y de su entorno, para adaptarse y salir reforzado de dicho momento crítico.

La adolescencia conlleva un proceso de duelo por el que el individuo ha de renunciar a su ser “niño” para encontrar una identidad como adulto de la que se sienta orgulloso y que le permita desenvolverse y desempeñar un determinado rol dentro de la comunidad. Como todo duelo, las pérdidas que se suceden generan sentimientos de tristeza, miedo, impotencia, inseguridad, búsqueda desesperada de uno mismo… que harán tambalearse al individuo, y a su entorno, en más de una ocasión.

Por suerte para la mayoría de los adolescentes, esta etapa de cambios les aporta innumerables experiencias tremendamente gratificantes que les ayudan a sobrellevar los sentimientos dolorosos: la sensación de energía y libertad, autonomía, independencia, las primeras relaciones sentimentales, la comprensión más profunda del mundo…


Los padres de los adolescentes no suelen tener tanta suerte. Ellos no experimentan en propia carne tales experiencias gratificantes mientras que sí sufren el “caos” que supone convivir con la adolescencia cuando uno ya es adulto. También los padres han de afrontar su propio duelo y muchas veces sentirán que han perdido a “su príncipe” y a “su princesa”. Efectivamente, el ciclo de la vida hará que “las cosas nunca vuelvan a ser como antes” pero, algún día no muy lejano, una mujer y un hombre maravilloso atravesarán la puerta de su casa y se sentirán orgullosos porque se darán cuenta de que sin ellos esa espectacular transformación no habría sido igual.  

lunes, 24 de septiembre de 2012

¿Cómo es el cerebro adolescente?

http://www.youtube.com/watch?v=aoNsGP9_1UE&feature=related

¿Es siempre TDAH?


El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es, en esencia, un cuadro clínico caracterizado por la presencia de tres síntomas: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad, que debuta antes de los 7 años. Además, estos síntomas han de tener un carácter crónico (al menos durante 6 meses), una intensidad y frecuencia elevadas para la edad del niño, han de ser referidos por diversos observadores/evaluadores, y estar presentes en todos los marcos y ámbitos, provocando disfunción en las áreas escolar, familiar y social.

A diferencia de lo que ocurre en otras enfermedades, los síntomas característicos del TDAH han sido experimentados por todas las personas en algún momento de su vida. La mayoría de nosotros sabe lo que es tener dificultad para concentrarse en una tarea en un momento dado, actuar impulsivamente en una determinada situación o mostrarse intranquilo e inquieto ante alguna circunstancia. Ello nos facilita a padres, profesores y profesionales sanitarios, entender parte de la experiencia y de las consecuencias que puede tener un niño que presenta un trastorno por déficit de atención. Pero, por otro lado, el hecho de que los síntomas capitales del TDAH sean tan habituales en la población “normal” (entendiéndose “normal” como “sin patología”) favorece que, en algunos casos, padres, profesores e, incluso, profesionales especializados en la salud mental infanto-juvenil creamos estar ante un niño que padece un TDAH cuando, en realidad, puede que no sea así.
El niño que padece un trastorno por déficit de atención e hiperactividad puede desarrollar, por culpa de la enfermedad, problemas de aprendizaje y fracaso escolar, dificultades en las relaciones sociales, baja autoestima, ansiedad, depresión, conductas de riesgo (conducción temeraria, conductas sexuales de riesgo, accidentes, consumo de tóxicos), etc. La detección temprana del trastorno y el tratamiento y seguimiento adecuados pueden evitar la aparición de tales consecuencias, permitiendo que el niño se desarrolle con “normalidad”.
Quizás porque cada vez es más frecuente entre los grupos de padres y profesores conocer “de primera mano” el caso de algún niño o niña que tras ser diagnosticado de TDAH y comenzar el tratamiento presentó un cambio espectacular, muy beneficioso para todos (padres, profesores y, para el propio niño/a, por supuesto), en ocasiones están llegando a la consulta del profesional sanitario niños y niñas cuyos padres y/o profesores están convencidos de que presentan un diagnóstico de TDAH y, lógicamente, demandan el diagnóstico precoz y el tratamiento más adecuado.
Por eso resulta cada vez más imprescindible concienciarnos de que, para estar seguros de que un niño presenta, efectivamente y sin lugar a dudas, un trastorno por déficit de atención e hiperactividad se necesita una evaluación minuciosa y exhaustiva pues, como decíamos al principio, el déficit de atención, la impulsividad y la hiperactividad son síntomas que, en algún momento, todos hemos podido experimentar y su presencia no implica necesariamente que uno padezca un trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Muchas son las causas por las que un niño se puede mostrar inquieto, impulsivo y con dificultad para concentrarse. Será necesario descartar todas ellas para realizar un diagnóstico correcto y certero de TDAH. Señalamos algunas de ellas:
Retraso mental, coeficiente intelectual bajo, trastornos del aprendizaje
Trastornos generalizados del desarrollo, trastornos psicóticos, disociativos, trastornos de la personalidad, trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, trastornos del comportamiento
Algunas enfermedades médicas: encefalopatías postraumáticas o postinfecciosas, epilepsia, déficits sensoriales significativos (ej.- miopía, sordera), trastornos del eje tiroideo, intoxicación por plomo, anemia ferropénica, etc, efectos secundarios de algunos fármacos (broncodilatadores, antihistamínicos, antiepilépticos), trastornos del sueño (apneas del sueño, síndrome de piernas inquietas, síndrome de movimientos periódicos de las extremidades),
Factores ambientales (estrés, negligencia/abuso infantil, malnutrición, inconsistencia en las pautas educativas, abuso de sustancias, etc).
De este modo, siempre que exista la sospecha de TDAH el profesional deberá realizar una completa evaluación que permita asegurar que la inquietud, la impulsividad y la dificultad que muestra a la hora de prestar atención no es debida a ninguna de las patologías citadas arriba y que, por supuesto, tampoco se corresponden con las experimentadas en un momento dado por cualquier persona “normal”.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La prevención del suicidio entre los adolescentes, una prioridad nacional en los EE.UU.


Recientemente, una publicación del HealthDay News recoge lo anunciado por Pamela Hyde (administradora de la SAMHSA, Administración de Abuso de Sustancias y Servicios de Salud Mental de los EE.UU.) respecto a la necesidad de desarrollar nuevas estrategias para fomentar la concienciación sobre el suicidio, aumentar los esfuerzos de prevención y desarrollar nuevos tratamientos para los que están en riesgo.
"Cada 24 horas, EE. UU. pierde a unos 100 estadounidenses por el suicidio". “Entre las personas de 18 a 24 años, el suicidio es actualmente la tercera causa principal de muerte”. “Es un problema de salud pública tan crítico como el agua potable, la comida segura y la prevención de las enfermedades infecciosas”. "Este problema concierne a casi todas las familias. Y podemos hacer algo al respecto. Es un trabajo de ángeles". "Llegó el momento de enfocar nuestra atención en la prevención".


Según anunciaron 56 millones de dólares de fondos federales ayudarán a financiar programas de prevención del suicidio en una nueva estrategia que unirá al gobierno, al sector privado (compañías como Facebook y ValueOptions), a las escuelas y a las comunidades. "Nuestra meta es salvar 20,000 vidas humanas en los próximos cinco años", sentenciaron.

FUENTES: Sept. 10, 2012, press conference with: Kathleen Sebelius, Secretary, U.S. Department of Health and Human Services; Gordon Smith, President, National Association of Broadcasters; Scott Gould, Deputy Secretary, U.S. Department of Veterans Affairs; John McHugh, Secretary of the Army; Marne Levine, Vice President for Global Public Policy, Facebook; Regina Benjamin, M.D., U.S. Surgeon General; Pamela Hyde, Administrator, U.S. Substance Abuse and Mental Health Services Administration.
(c) Derechos de autor 2012, HealthDay.

El consumo continuado de cannabis podría afectar al coeficiente intelectual



Madeline H. y su equipo analizaron los efectos del consumo precoz y mantenido de cannabis sobre la capacidad intelectual. Para ello seleccionaron a una muestra de más de 1000 personas nacidas entre 1972 y 1973 a las que estudiaron periódicamente entre los 13 y los 38 años. Aquellos individuos que habían iniciado el consumo de cannabis en la adolescencia (al menos una vez por semana) o que habían sido diagnosticados de dependencia al cannabis antes de los 18 años y que continuaban consumiéndolo en su etapa adulta mostraban una reducción promedio de 8 puntos en su coeficiente intelectual a los 38 años. A diferencia de estos, los participantes del estudio que nunca consumieron cannabis no experimentaron dicha disminución de su coeficiente intelectual, e incluso se objetivó un ligero aumento entre los 13 y los 38 años. Además, los resultados del estudio revelaban que en aquellos individuos que iniciaron el consumo de cannabis durante la adolescencia, el hecho de reducir o abandonar dicho consumo no implicaba la recuperación de la capacidad intelectual previa.
No obstante, aunque los investigadores afirmaron que el cannabis es una sustancia muy peligrosa para el cerebro, especialmente para el cerebro en desarrollo del adolescente, aclaraban que el estudio había demostrado una evidente asociación entre el consumo mantenido de cannabis y la disminución del coeficiente intelectual pero que se eran precisos nuevos estudios que confirmaran que el cannabis era el causante de dicha disminución.

Madeline H. Meiera, Avshalom Caspia, Antony Amblere, HonaLee Harrington, Renate Houts, Richard S. E. Keefed, Kay McDonaldf, Aimee Wardf, Richie Poultonf, and Terrie E. Moffitta. Persistent cannabis users show neuropsychological decline from childhood to midlife. Proceedings of the National Academy of Sciences. Edited by Michael I. Posner, University of Oregon, Eugene, OR, and approved July 30, 2012 (received for review April 23, 2012).

Los adolescentes que realizan actividades al aire libre son más felices


Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Sidney (Australia) comparó el funcionamiento social y la salud percibida entre los adolescentes (edad media de 12.7 años) que realizaban habitualmente actividades físicas al aire libre y los que desarrollaban principalmente actividades sedentarias (ver televisión, utilizar el ordenador, videojuegos, leer).
Encontraron que aquellos adolescentes que invertían más tiempo en realizar actividades físicas referían una mejor salud y un mejor funcionamiento social, junto con una menor tendencia a presentar sentimientos de soledad y timidez. Los adolescentes que pasaban más tiempo leyendo y haciendo los deberes tenían un mejor rendimiento escolar.


Bamini Gopinath, BTech, PhDa, Louise L. Hardy, BA, MPH, PhDb, Louise A. Baur, MBBS(Hons), BSc(Med), PhD, FRACPc,d, George Burlutsky, BSc, MApplStata, and Paul Mitchell, MBBS, MD, PhD, FRANZCO, FRCOphth, FAFPHMa. Physical Activity and Sedentary Behaviors and Health-Related Quality of Life in Adolescents. Pediatrics.